El comité informativo de la intifada saharaui
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Referéndum
“Los recursos de un país son sus jóvenes y eso es a lo primero que apuntan las
dictaduras”
Maimuna Ameidan a sus diecisiete años ha vivido demasiado. Ha visto como la
policía marroquí ha detenido en innumerables ocasiones, ya ha perdido la cuenta,
a su querido hermano Luali, cómo han allanado la casa de la familia, casa de
mujeres que viven solas, y las han golpeado a ella, a su madre y a sus hermanas.
A Luali empezaron a perseguirle desde el colegio, y a pesar de sus veintitrés
años es ya un veterano en las cárceles marroquíes. Le han herido, vejado y
torturado, incluso dentro del hospital. No le permiten estudiar en la cárcel y
sus torturadores convierten sin pausa cada uno de sus días en un infierno. La
familia Ameidan está marcada, es difícil para cuatro mujeres perseguidas
subsistir, cuando no hay ni siquiera posibilidades de acceder al trabajo. La
hermana mayor de Maimuna, Malak, inteligente y muy decidida, encontró trabajo
con una ONG en El Aaiun, pero las autoridades de la ciudad no pararon hasta que
fue despedida de su empleo. Los marroquíes las acechan y cuando menos lo esperan
reciben un nuevo golpe. La bella Rabab, su querida hermana, estudiaba en la
Universidad de Marrakech. Reivindicar desde el corazón del ocupante la libertad
del Sahara es un delito condenado con los peores castigos, bien lo han
comprobado los universitarios saharauis. Rabab fue golpeada con gran dureza en
las manifestaciones estudiantiles en mayo de 2006 y presenció como a su amiga
Sultana Jaya le reventaba el ojo con una porra un policía marroquí. Maimuna
conoce lo que significa ser una Ameidan en el Sahara ocupado.
Hayat Erguibi sabe por experiencia que una violación es un acto horrendo, que
atenta contra lo más íntimo del ser humano, llevando a uno de sus máximos
extremos la violencia. Hayat, una alumna de bachillerato, fue secuestrada,
sometida a vejaciones y violada de diferentes formas por su presunta
participación en actividades políticas relacionadas con la independencia del
Sahara. Sus violadores, policías marroquíes en El Aaiun la amenazaron para que
no denunciara lo sucedido. Pero Hayat, venciendo el miedo y la vergüenza que
atenaza a las víctimas de delitos contra la libertad sexual, denunció su caso y
lo ha expuesto a los observadores internacionales de derechos humanos. Porque ya
son demasiados casos de violaciones de hombres, mujeres y menores por parte de
las fuerzas de represión marroquíes. Hayat no quiere callar. Hayat habla para
que no haya más estudiantes a las que secuestren, vejen y violen con total
impunidad.
"Ya no puedo vivir una vida normal como el resto de la gente", dice con
resignación Nguia El Hawasi, parte de la infancia y toda la adolescencia
dedicada a luchar desde el colegio por la libertad del Sahara. Dieciocho años de
sufrir, de tener separada a la familia, de saber desde niña que algo raro
ocurría, y de politizarse por desgracia demasiado pronto a fuerza de ver
injusticias, a fuerza de ver palizas, a fuerza de ver discriminación. Nguia
acumula detenciones y golpes, en su extenso y triste currículum de activista.
Explica que la sed de libertad que tienen los niños saharauis desde la escuela
es algo que no entienden los marroquíes y que les llama mucho la atención. Ella
tiene la respuesta “esta es nuestra convicción por nuestros derechos y vamos a
seguir hasta nuestra libertad.”
Maimuna, Hayat, Enguía, Malak, Sultana, Rabab, Aminetu, Galia, Sukeina, Fatma…
ellas son verdaderas heroínas. Las mujeres tenemos en ellas el más limpio espejo
donde mirarnos. Porque a las saharauis de las zonas ocupadas la libertad les
cuesta cada día la vida.
*Hayat, Nguía y Maimuna son tres de las estudiantes a las que las autoridades
marroquíes impidieron viajar a Inglaterra para un debate estudiantil sobre el
Sahara en Oxford.
By Tfarititelecom 2008